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DE ESTRELLAS Y PASTORES |
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Por Manu Arregi |
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El secular aislamiento al que ha estado sometida esta zona hace de ella una de las de mayor riqueza etnográfica de la península. El objetivo de este artículo es dejar constancia escrita de una serie de conocimientos de carácter astronómico, transmitidos por vía oral, que en muchos casos están apunto de perderse (algunos se han perdido ya).
Apenas industrializada, la principal fuente de subsistencia en la comarca de Aliste ha sido desde siempre la agricultura y la ganadería, lo que provoco que mucha gente tuviera que emigrar en diferentes oleadas, primeramente a Sudamérica y posteriormente a Centro Europa, Madrid, y País Vasco.
Es precisamente ese modo de vida el que les ha hecho mas observadores que la mayoría de nosotros. A la vuelta de un viaje a Egipto, Don Pedro Diez, en vez de preguntarme por las pirámides o la arena del desierto, me sorprendió
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preguntándome a que “lado” estaba el sol allí. Recordaba que quienes emigraron a Argentina contaban a su regreso que allá el sol “estaba al otro lado”. Muchos son los afortunados que viajan hoy en día al hemisferio Sur pero |
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El carro y una encina iluminados por la luna de Agosto |
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pocos reparan en que en aquellas latitudes para tener una casa soleada, esta tiene que estar orientada al norte. Sin embargo quien ha trabajado toda su vida en el campo y ha visto cientos de veces la salida del sol por el este y su puesta por el oeste, pronto se percata de que allí las cosas son diferentes: allí el sol hace su “recorrido” por el norte. Es una corroboración, en un modo mucho más modesto, de lo que ya Herodoto dejó escrito. Contaba el historiador griego en el siglo V a. C. que unos expedicionarios fenicios habían bordeado África desde el este, observando que mientras navegaban hacia el oeste tenían el sol a su izquierda. El no llegó creérselo del todo, pero muchos siglos más tarde, Enrique el Navegante comprendió que esto significaba que habían atravesado la línea del Ecuador.
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El sol como reloj |
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Y es que el sol es fundamental para quien vive del campo, pero no solo por lo necesario que es su calor, sino que también como marcador de tiempo. Tal y como sucede con muchas iglesias, la iglesia de Gallegos del Campo esta orientada en dirección este-oeste, mirando su pequeño campanario directamente al oeste. Aunque cada vez queda menos ganado en el pueblo, aún hoy se mantiene la vieja costumbre de que los vecinos se alternan para sacar las vacas al pasto. Cada día es un vecino diferente el encargado de hacerlo. Aunque la hora variaba, en ciertas épocas del año esto se hacía a mediodía.
Pero, ¿cómo saber cuando es mediodía si no se tiene reloj? Muy fácil. Debido a la orientación del campanario, cuando el sol no da en ninguno de los dos lados (es decir, justo cuando da “de canto”), es que el sol estaba al mediodía; hora de sacar la vacada. Aun recuerda Don Eutiquiano Domínguez como su madre le mandaba a menudo a mirar si faltaba mucho para que el sol “revolviera” la torre. Cuando así era se escuchaba el sonido del cuerno con el que se avisaba al resto de vecinos para que sacaran el ganado. Posteriormente esta llamada se hacía con un repique de campanas.
De estrellas y pastores
Otro tipo de pastoreo muy común aun hoy en día es el de la oveja. Aunque afortunadamente las cosas han cambiado, era el de pastor un tipo de vida especialmente duro, que les obligaba a dormir fuera de casa desde marzo hasta casi comienzos de noviembre. La presencia del lobo hacia aun un poco mas duras las noches, pues los pastores tenían que hacer turnos de vigía. Según me relatan, acostumbraban a juntarse en grupos de cuatro, por lo que dividían la noche en cuatro guardias. Y de nuevo el mismo problema: ¿cómo distribuir la noche si no se tiene reloj? Fácil solución.
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El sol dando de canto a mediodia en el campanario de Gallegos del Campo |
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La primera noche que dormían fuera, se fijaban en una estrella medianamente brillante que estuviera saliendo por el este y veían que “recorrido” hacia durante la noche. Viendo la posición de esta al amanecer, distribuían la noche cuatro guardias de similar duración. |
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Lógicamente esto les hizo grandes conocedores del cielo y que pusieran nombre a ciertas agrupaciones de estrellas. Son sus particulares “constelaciones”. Así por ejemplo tienen la “Cruz del Caravaque” (denominación autóctona de la cruz de Caravaca), que es el pequeño rombo que forma parte del asterismo de nuestro Delfín. No es esta una cruz que sea motivo de especial devoción en la zona, lo que hace suponer que quizás sea algo que venga de antiguo, pues fue ésta zona de templarios (Alcañices, Astorga,...) y se trata de una cruz relacionada al parecer con ellos.
La zona de Orión, como no, les llamó especialmente la atención. Así Sirio es, al igual que en otras partes, “El Pastor”, pero forma aquí parte de una singular escena. Las estrellas del cinturón de Orión forman “La Cayata” (el bastón que utilizan los pastores), mientras que las Pléyades son “La Piña”. El conjunto representa un rebaño (La piña) que ha escapado y al que el Pastor (Sirio) ha arrojado La Cayata. Me contaba Eutiquiano Domínguez, no sin cierto rubor, que interpretaban además el parpadeo de Sirio como el movimiento de las agujas del pastor haciendo calceta, que es como mataban ellos el tiempo en las frías y largas noches alistanas.
Todos estos grupos de estrellas son motivo de un conocido dicho en el pueblo:
“En lo más alto del cielo va La Piña y La Cayata. Delante Las Tres Marías y La Cruz del Caravaque”
Según otro dicho:
“Cuando El Carro empina el rabo, arriba pastores, que ya es claro”
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que hace referencia a la posición que ocupa el conocido asterismo de la Osa Mayor en los amaneceres del mes de octubre, que es cuando el dicho tiene validez.
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El campanario Gallegos del Campo mostrando su orientación a la polar
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Hasta aquí lo que hemos podido recuperar. Pero había más. Cuentan por ejemplo que había un “Carro de la Virgen”, que nadie consigue recordar con precisión (¿Géminis, quizá? ¿Tauro?) y también que existía en el cielo una “Cabrita” que protegía a los pastores, que es descrita por Jose Caballero con tres patas, rabo y dos cuernos, lo que nos hace pensar que pudiera tratarse de Sagitario.
Un observador de la naturaleza
Capitulo aparte merece Don Eutiquiano Domínguez, a quien ya hemos hecho referencia varias veces a lo largo del articulo. Como cuenta el mismo, aunque no tuvo ocasión de estudiar demasiado, siempre le han interesado mucho cosas como la “geografía”, como dice él. Dotado de una gran memoria y observador nato, muchos nos remitían a él cuando preguntábamos por cualquier cosa. “Si alguien lo sabe, lo sabrá Eutiquiano”, decían. Eutiquiano resulta ser un sagaz observador. Cuenta por ejemplo que le explicaron una vez el clásico método de encontrar la estrella polar por medio de La Osa Mayor. Él retuvo la explicación pero dice que no le hacía falta, por que la Polar es una estrella no muy brillante que siempre esta en el mismo sitio. Mientras que las demás estrellas siguen una “órbita”, como él dice, la polar esta siempre en el mismo punto. De todas formas, sigue diciendo, no siempre se ven las mismas estrellas. En cada época no se ven las que hacen su “órbita” de día.
Habla también de la “Estrella del jornalero”. Dice que se ha empezado a ver ya (esto último correcto, pues era al comienzo de una presentación vespertina de Venus) y que aunque ahora se ve entre las luces del atardecer, mas adelante se verá estando ya oscuro. También habla de “El lucero del alba” y dice que para él es la misma que la “Estrella del jornalero”.
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Las Tres Marías y en la parte de superior, la Cruz del Caravaque
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Ratificando su fama de gran observador, relata Eutiquiano en otra de las conversaciones con él mantenidas, que tiene medido que los días apenas
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en la época en que hablamos en esta ocasión (Navidad) pero que allá por el mes de marzo de puesta de sol a puesta de sol suele haber diferencias de casi tres minutos. Estos datos resultan ser cualitativamente correctos.
Pero es Eutiquiano un auténtico pozo de sorpresas y en la que es de momento la última de nuestras conversaciones cuenta que ha tenido ocasión de ver en al menos dos ocasiones una aurora boreal, verdaderamente espectacular en uno de los casos. Así lo relata él:
“... sobre todo una vez, es que se puso, todo lo que se dice el norte, completamente rojo, pero ¡rojo! ¡Rojo!, como cuando ves un resplandor de fuego! ¡Pero es que parece una nube, como una nube de fuego! Pero yo creo que nube no es, porque por entre esa cosa veías las estrellas más brillantes (....) En principio había un poco. Fue viniendo como hacia aquí, como hacia nosotros y antes de llegar así ya encima de nosotros, llegó a un punto y se fue retirando, se fue retirando. Así como aclarando, como aclarando; pero se
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pasaron,....., pues a lo mejor como mínimo un par de horas (.....) Era cuando el tiempo esta seco, mas bien en septiembre. Esos meses. Después del verano. |
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El Pastor, La Cayata y la Piña |
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Gracias a la ayuda de Federico Fernández Pardavila de La Agrupación Astronómica Aranzadi de San Sebastián y de Miren Millet, del Museo de La Ciencia de esa misma ciudad, hemos podido hablar con alguien que probablemente vio la misma aurora. Se trata de Francisco Fernández, uno de los socios más veteranos de Aranzadi, que allá por el año 46 o 47 y desde el balcón de su casa en pleno centro de San Sebastián, pudo observar una espectacular aurora rojiza que en el momento que la vio se extendía desde el mar hasta prácticamente el cenit, es decir hacia el norte, al igual que describía Eutiquiano. Según sus propias palabras, parecía el resplandor de una ciudad. Tras haber hablado con ambos es curioso imaginarlos a ambos, uno desde el balcón de su casa en San Sebastián y al otro durmiendo al raso en los campos alistanos, siendo testigos de aquella espectacular aurora.
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Informantes
Eutiquiano Domínguez, Anselmo Ballestero, Pura Ballestero, Jose Caballero, Pedro Díez, Manuel Domínguez, Margarita Fernández, Celestino Peláez, Maria Mata, todos ellos de Gallegos del Campo (Zamora) y Francisco Fernández, de San Sebastian
Autor
Manu Arregi. mnarregi@hotmail.com
(Este artículo ha sido publicado en la revista Tribuna de Astronomía)
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